sábado, 10 de diciembre de 2016

LOS VIEJOS CARRETES RUSOS: «ДЕЛЬФИН-8»
Ahora podemos reírnos, abuchear alguno si el otro se aparece con uno de aquellos aparatitos de mecánica rusa, de festinada precisión, apenas fiables, ¿impresentables a la vista? Pero fueron los carretes con los que toda una generación aprendió qué era la pesca a spinning. Dicen que primero fue el Delfín-4, luego el Delfín-8, habría un Delfín-6 y hubo otros, como los Tokoz, y puedo recordar incluso uno totalmente en plástico, muy acabado y parecido a un juguete en color crema y carmelita, probablemente un producto de la entonces República Democrática Alemana. Si de memorias tratamos, entonces vale mencionar, aunque parezca más bien cosas de viejo, que donde está hoy el Centro de Presa Internacional en el céntrico Vedado, alguna vez hubo una exposición de artículos procedentes de Checoslovaquia, con un surtido de avíos de pesca que eran lo más elegante que habíamos visto: toda una pared de cañas de pescar. ¿Fue así o lo imaginamos? Vaya uno a saber.
Uno empezaba a pescar con una vara criolla o un cordelito, y el paso siguiente era hacerse de tres o cinco carretes de lanzado a mano, de los que orgullosamente llamamos “Yoyo cubano”, con líneas que podían comenzar con las muy finas 12 o 15 libras de resistencia, para ascender rápidamente a las categorías mayores. Hay quien se conformaba con armar un buen carrete con trescientos metros de nailon de 63 libras de resistencia, con plomadas corredizas o al modo llamado “pata de gallina” y anzuelos ― ¡los anzuelos rusos!, cuyos fabricantes nada sabían de publicidad o sutilezas de mercado, nada sabían de un montón de cosas que luego parecen haber descubierto, pero fundir metal, hacer un buen alambre y fabricar un simple anzuelo de punta inmortal, de eso sabían, sin tanto alarde―; las buenas medidas eran del 2/0 o 3/0. O sea, del dos o del tres, que esas notaciones tan técnicas las aprendimos mucho más tarde. Era la época en que pescar, a lo grande, era pasar la noche en sitios renombrados como Piedra Alta, Boca de Tiburones, Playa Girón.
El spinning apareció después. Lo difundieron los viejos maestros que habían aprendido en el Malecón con los antiguos Rummer, Titán y Luxor. La pesca de la trucha, que se hacía en los embalses cada vez más numerosos desde la década del sesenta, atrajo a muchos y el spinning tomó carta de naturalización. También en el mar, por supuesto: hubo torneos en uno y otro tipo de escenarios, y la picada hizo rentable gastar algunos pesos del salario en un equipo. Era la época en que había en La Habana algunas tiendas, una por municipio, a las que llegaba el abasto de nailon, anzuelos y otros aparejos, los pescadores afiliados tenían una tarjeta de racionamiento de avíos y los precios eran bajos. Un anzuelo podía costar 10 centavos, cien metros de línea, 95 centavos, o menos. Una vara y un carrete que adquirimos tuvieron un costo total de 24.00 pesos, moneda nacional. El técnico medio que hizo la compra ganaba 118 pesos.
Uno se pone a recordar y a razonar acerca de tiempos idos. En este caso debido a que apareció en el archivo, en una carpeta que estaba lista para escribir quien sabe qué artículo, que no llegó a redactarse, quién sabe por cual causa, un catálogo nada menos que de un Delfín 8 de factura soviética, con una fecha que la historia marca como límite de uno de sus hervores: 1990. Ha de agradecerse la traducción a Rafio Borges Echemendía, que la hizo en los días en que andaba aquel reportero siempre con una prisa de espanto ―igual que hoy, espantado por razones diferentes―, y solo espero que entre los buenos lectores del blog alguno pueda dar más detalles técnicos, recordar con mayor precisión el surtido de avíos de aquellos años (los ’70, luego los ’80), poner unas cuantas anécdotas, ilustrarnos acerca de un tiempo previo, al que vino después, en el que los aficionados nos convertimos en sorprendentes expertos en marcas que nunca tuvieron en Cuba publicidad ni divulgación: que en los noventa cualquiera hablaba con soltura de lo último que había, sin internet, sin una revista, sin un catálogo. Y había sus preferencias, y no estaban tan equivocados, no.

CARRETE DE PESCA AL LANZADO, A SPINNING, SIN INERCIA «DELFÍN»

Guía de explotación

Respecto al trabajo continuo en el perfeccionamiento de este equipo, que eleva su seguridad y mejora las condiciones de explotación. Se pueden aplicar cambios insignificantes que no están reflejados en este equipo.

Significación.
La bobina de pesca a lanzado a spinning sin inercia “Delfín” se destina a la pesca  deportiva. El carrete trabaja normalmente en las regiones de clima moderado, con temperatura ambiente de 1... 40ºC.

Construcción y trabajo
El carrete posee una forma estética actual, sencilla, y construcción segura del mecanismo.

La transmisión funciona mediante un tornillo sinfín con engranajes  y cojinetes de bolas que proveen el suave funcionamiento del multiplicador.

La aplicación del carrete del tipo “de falda”, cual unida con el freno regulador de fricción, permite regular el suave tensado del sedal y no permite su caída entre el cilindro y el carrete. Para el uso de sedales o acortar el diámetro al carrete de reserva se coloca el anillo.

El mecanismo impulsor del carrete se instaló en la caja 36, la cual se cierra con la tapa 5. El sedal se enrolla en la bobina 20 con la grapa 28 del distribuidor de sedal. El carrete y cilindro se ponen en movimiento por medio de la manivela  35. Esta coloca del lado derecho o izquierdo del siguiente modo: abriendo el tornillo 1, quita el casquillo 2 con la arandela 3, luego quitan la manivela junto con el eje y se colocan en el lado opuesto. El ensamblaje se realiza en la secuencia inversa. El mecanismo de trinquete antirreverso se conecta con el fijador 8.

El freno de fricción se regula por medio de la manecilla 24. Dentro del carrete se encuentra la chicharra, que da la señal cuando el freno se afloja.

Reglas de utilización.
El carrete se fijará en la parte baja de la caña de pescar.
El sedal se enrolla en la bobina. El sedal debe llenar la bobina hasta alcanzar 2 a 3 mm por debajo del borde delantero.
El freno del carrete se regula de modo tal que se afloje con la tensión admisible del sedal.
La caña de pescar se sujeta con la mano derecha. Antes de lanzar  se sujeta el sedal con el dedo índice. Después se abre a un lado el gancho de recobrado de sedal, manteniendo el sedal sujeto con el dedo para que no caiga.
Trasladar el gancho a su posición de trabajo solo mediante el giro de la manivela de devanado.
Sujetando el sedal, traslada hacia atrás la caña de pescar  y lanza. En el  momento del lanzamiento se suelta el sedal. La longitud de lanzamiento se puede limitar frenando la velocidad de vuelo del señuelo, sujetando con el dedo índice el borde de la bobina.  

Cuidar el carrete de golpes y caídas. Prevenir el ensuciamiento de sus mecanismos.

Cuidar de daños el borde redondeado frontal de la bobina, a través del cual el sedal corre al lanzar.

Terminada la pesca, aflojar el freno hasta el mínimo.

Si en el carrete cayó arena o agua, hay que desmontar, secar y sacudir y engrasar nuevamente.

Servicio técnico.
El carrete se desmonta solamente en caso de necesidad extrema en este orden: Desenrosca hasta el final, contra las manecillas del reloj, el botón 24 de regulación del freno y, sin esfuerzo, quitar la bobina 20, retirar la manivela 35, desenroscar el tornillo 4 y quitar la tapa 5.

ATENCIÓN: Realizar el desmontaje posterior no se recomienda. Realizar el montaje en la secuencia inversa.


Al final de la temporada de pesca quitar la tapa de la caja y con varias gotas de grasa líquida engrasar los engranajes del multiplicador t el vástago de la bobina.